En un parate. Esperando al 15 de agosto que venga la señora brasileña del microcemento. Hasta ahí casi no se puede hacer nada porque muchas cosas dependen de que eso esté terminado.
Mientras tanto, me agarra la depresión, la desesperación y la tristeza porque todo está a medias, porque la pieza es chica, aunque el corazón sea grande, porque la desventaja de tener proveedores amigos que te cobran barato es que te entregan cuando pueden, porque esto y porque lo otro.
Todo esto me tira para abajo y, como una mancha invasora, se impone en todo aspecto de la vida. No me levanto para ir a correr, porque, total, para qué? si todo es lo mismo, correr, no correr, lavar los platos, no lavarlos...
Tengo tendencias extremas, o el mundo es todo lindo como una lunchera de Hello Kitty o es todo horrible como vivir abajo de una autopista.
Esta actitud tiene que terminar ya mismo, necesito un plan como el del sofá a los 5 km pero para no dejarse llevar por la desidia y la mugre.
Hoy a la mañana le dije a A.: el fin de semana limpiamos todo lo que se pueda, esto ya se está poniendo muy Grey Gardens.*
(bastante literalmente Grey Gardens: las gatas decidieron, un poco porque son dos hijas de puta y otro poco porque nos colgamos limpiando las piedritas, que lo mejor era volcar una bolsa de arena y fabricarse un baño en medio del living).
Basta. Mañana encierro las bolsas de arena en el hall, donde no las puedan usar. Lavo ropa, lavo platos, tiro basura, ordeno ropa. El sol brillará mañana, como Annie.
Claro, ese es otro tema, el clima mucho no me ayuda con el humor. Odio el invierno y los días grises con toda la furia de mi alma.
Volvé, Hello Kitty, volvé, no me soporto a mi misma con este humor!
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*qué lindo autocitarse de blog a blog!


